El EBYS de Cruz Roja Navarra en Torrejón

Alberto Rosales nos cuenta la experiencia de la carga de un avión de Ayuda Humanitaria con destino Haití

Cargo en Torrejón Cargo en Torrejón
  • Siete miembros del Equipo de Busqueda y Salvamento de Navarra ayudaron en la carga de 25 toneladas de Ayuda Humanitaria con destino Haití.

  • En total, Cruz Roja Española  ha desplazado más de 159 Toneladas de Ayuda Humanitaria en diferentes vuelos.

  • La experiencia ha sido muy gratificante para los miembros desplazados a Torrejón desde Pamplona.

Siete miembros del Equipo de Búsqueda y Salvamento del Comité de Cruz Roja de Navarra (Pedro Irisarri, Erkuden Martínez, Patxi Menchón, Miren Montoya, Natalia Valencia, Francisco Javier Vilches y Alberto Rosales) ayudaron a cargar un avión con destino a Haití el día 29 de enero. Era el cuarto transporte aéreo que realizaba Cruz Roja Española desde que la tierra tembló en la isla; posteriormente se han efectuado otros tres más, transportando un total de 159 toneladas de diversos cargamentos.

 

A las cuatro de la madrugada partimos desde Pamplona en una furgoneta de Cruz Roja. A pesar de la hora tan temprana, el grupo iba muy animado; será la costumbre de la gente del EByS de actuar en horas intempestivas. Y que teníamos la ilusión de cumplir en esta ocasión el servicio que, una semana antes, quedó frustrado a medio camino entre Pamplona y Madrid porque el avión no había despegado a tiempo desde Haití.

 

Llegamos sin contratiempos a las puertas de la base aérea militar de Torrejón de Ardoz sobre las ocho y media de la mañana. Fuimos recibidos por varios miembros de la Oficina Central especialistas en Logística y el Presidente del Comité Provincial de Navarra, Joaquín Mencos, experto en emergencias. Una vez reunido el convoy al completo (dos furgonetas, tres todoterrenos y dos camiones), y debidamente cumplimentados los estrictos trámites de acceso a la base militar (tardó mucho tiempo en recibirse el fax con la confirmación de la operación y sus participantes), accedimos a la pista. Allí nos esperaba un formidable Ilyushin con las compuertas de carga ya desplegadas. Se trata de un cuatrimotor creado en los años 70 en la antigua Unión Soviética para dar servicio de transporte pesado a las Fuerzas Aéreas del Bloque de Este, capaz de despegar y aterrizar en pistas de reducida longitud o mal acondicionadas. Con la desaparición de la Unión Soviética, los Ilyushin se transformaron en naves de carga comercial de gran tonelaje. Cruz Roja contrata sus servicios habitualmente para realizar los transportes de emergencia ante catástrofes. 

La estampa del enorme aparato, con sus cuatro motores encendidos, la cola altísima y su panza abierta era impresionante. El interior del fuselaje tenía un costillar de hierro remachado por millares de tornillos, y aparecía recubierto por una lona amarilla que le daba el aspecto de unas enormes fauces con la mandíbula inferior desplomada hasta el suelo.

 

Inmediatamente, el personal técnico de pista nos proporcionó cascos y tapones de oídos para silenciar el ensordecedor silbido de los motores. Nuestra labor consistía en acomodar un cargamento de 25 toneladas de material destinado a la ERU de Saneamiento Masivo en Haití. La mañana era fría y soleada, perfecta para trabajar.

 

Atendían el avión dos tripulantes rusos; más tarde se sumarían otros dos. Nuestros relucientes uniformes, con sus reflectantes destellando al sol, contrastaban con sus gastados monos de trabajo, de un color indefinible que alguna vez debió de ser azul. Los logistas de Cruz Roja y los tripulantes del avión se coordinaban para dirigir la carga. Españoles y rusos se comunicaban en un inglés que debe de ser como un esperanto universal empleado sobre el babel de lenguas que habrá en Puerto Príncipe.

 

A un lado del avión se extendía la larga hilera del cargamento de saneamiento masivo: filtros químicos para el agua, equipos informáticos, raciones de comida para 72 horas, material para la construcción de letrinas (listones de maderas, toldos de plástico, herramientas, moldes, etc), tres todoterrenos, una miniexcavadora para hacer fosas y un camioncito 4x4 con grúa.

 

Los todoterreno subieron en primer lugar por unas rampas. Unos rótulos adheridos en la carrocería indicaban en francés que eran vehículos donados por Cruz Roja Española a la delegación haitiana. Para no desperdiciar espacio, estaban atestados de cargamento, y apenas podía maniobrar el conductor. A continuación, una grúa horquilla de la base manejada por los técnicos de pista comenzó a elevar la carga hasta el fuselaje, donde fuimos acomodando una multitud de paquetes y cajas de todos los tamaños.

 

De cuando en cuando, los tripulantes rusos aseguraban la carga con unas cinchas; a veces se servían de unos polispastos instalados en el fuselaje para colocar los cajones más pesadas. Estibar un cargamento tan voluminoso y dispar no fue tarea fácil, y más de una vez hubo que reacomodar los bultos. Finalmente, tras más de cuatro horas de intenso trabajo, el rompecabezas de aquel cubo de Rubik de 25 toneladas quedó resuelto.

 

Voluntarios navarros Voluntarios navarros

El grupo de Cruz Roja posó, satisfecho, a los pies del avión ya cargado junto con los técnicos de pista para tomar unas fotografías. Los cuatro tripulantes rusos declinaron la invitación de sumarse al grupo, y tras unos breves saludos, desaparecieron por unas gateras formadas entre los bultos del cargamento. Ahíto, el leviatán cerró lentamente sus fauces, y su vientre nos descubrió, al fin, un esbelto perfil hasta la cola. El Ilyushin quedó solo en la pista, resoplando. Parecía más pesado. Como si tuviera que digerir su carga, aguardaría hasta el día siguiente para emprender su vuelo hasta Puerto Príncipe. Allí otros compañeros de Cruz Roja, algunos de ellos voluntarios navarros, le desembarazarán de su valioso cargamento. Con él aliviarán las penosas condiciones sanitarias que padece la población superviviente de la catástrofe.